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BUTACA CRÍTICA

"V I R I D I A N A"

Luis Buñuel, Méjico-Madrid, 1961

"Viridiana es un aguafuerte de la mejor tradición goyesca, digno de figurar en la galería de la picaresca nacional española. Su calidad cinematográfica es extraordinaria, tanto en ambientación como en fluidez narrativa, en claroscuro fotográfico como en dirección de intérpretes. Religiosidad y erotismo se mezclan en una crítica brutal y agresiva del catolicismo burgués español, que Buñuel había conocido en su infancia y juventud. La monja novicia alcanza calidad de prototipo, así como los deuterogonistas. Buñuel afirmó que pretendía "hacer un film de humor, corrosivo, pero espontáneo". Lo consiguió plenamente porque la película, al ser premiada en Cannes, ocasionó un escándalo universalmente conocido."

Manuel Alcalá, s.J.

Para mí, Viridiana es una obra maestra: en el fondo y en la forma. Vista superficialmente puede parecer un sarcasmo. Buñuel recoge laboriosamente, con una espontaneidad y realismo excepcional, los rasgos para él más significativos -negativos- de la realidad socio-cultural española de los años cincuenta; y los hilvana de tal manera que, sin perder su 'naturalidad', -de cine costumbrista, donde los personajes, y los ambientes resultan plenamente familiares- se convierten en una obra de arte: nos hace ver una 'comedia' -la película está hecha con humor continuo, aunque nos parezca corrosivo- y salimos con la sensación de haber presenciado una 'tragedia'.

La 'tesis' de Buñuel es que la religión es una falsa sublimación de las dos fuerzas -freudianas, y obsesivas para él- del ser humano: el 'eros' y el 'zánatos', el sexo y la muerte. Quiere mostrarnos cómo, de hecho, la religión oficial en la España de su tiempo -toda 'religión' mal entendida-, es fuente de represión del ser humano, de su realización personal, del progreso, de la Vida.

Puede parecer mordaz, destructivo. Pero su humanismo profundo acaricia con su cámara, llena de ironía, a esos pobres seres 'humanos' y nos invita, desde su -comprensible y, yo diría que comprensivo- ateísmo, a vivir libres, plenamente humanos, sin dejarnos oprimir por cualquier fuerza alienadora.

La primera escena ya es simbólica. Un claustro cerrado, con una multitud de niños en filas, capitaneados por varias monjas y algún cura: imagen -¿caricatura?- de la España del nacional-catolicismo. Eso crea tres niveles sociales: los burgueses (con tres arquetipos: Viridiana, Don Jaime y Jorge); los pobres (verdaderos protagonistas de la comedia y de la tragedia), 'objetos' de consumo-caridad-marginación; y los 'intermediarios' -tan del gusto de Buñuel, como catalizadores objetivantes de la dramática realidad no siempre percibida como tal (Martín, el mayordomo de Don Mateo, hace lo mismo en "Ese oscuro objeto del deseo")- Ramona, Rita y Moncho.

Viridiana es presentada en principio en el convento, con un alarde de frialdad, beatería hipócrita y terrible falta de humanismo y amor (también en la escena que viene la superiora a la casa). Sus 'ideales' pronto aparecen como 'irreales', infantiles, inmaduros -rebeldes con su institución, recelosos con su tío, paternalistas con los pobres, inconsistentes -deseo=temor- con su primo-..., inhumanos.

Don Jaime es la caricatura del burgués por excelencia. (¿Podría ser una proyección inconsciente o una autocaricatura del mismo Buñuel? "De joven quería hacer algo por la humanidad, pero era demasiado tímido." Recordad la escena en la que salva a una abeja de ahogarse en un balde de agua sucia.) Obsesionado con el sexo -no ha logrado consumar su matrimonio- y vive (¿en soledad?) neuróticamente del recuerdo -alimentado con fetichismos (sexuales y religiosos)-, que Viridiana reencarna y frustra, de nuevo, con lo que la muerte pasa a ser la solución liberadora (expresada -de manera muy explícita- con una sonrisa enormemente ambigua: ¿paz tras la decisión, liberación, revancha, venganza, chantaje...?).

Jorge es -'hijo natural'- la encarnación del pragmatismo, va a lo suyo y sabe lo que quiere ("Desde que te vi, dije que yo acabaría echando unas manos de tute con mi primita." Y la escena del desván, donde, como la rata -igual que en "Ese oscuro objeto del deseo"- 'cae' Ramona: "¿Qué te pasa, mujer? ¿Por qué me miras así? Vamos a sentarnos un rato."). Tiene un cierto resentimiento ("Si mi padre se hubiera acordado más de mí, yo sería el arquitecto."), pero es -¿calculadoramente?- respetuoso, seguro de su éxito final. Y no le faltan detalles de sensibilidad (perro liberado de debajo del carro), aunque frustrada, pesimista, 'pragmatizada'.

Ramona, Rita y Moncho -cada uno en su estilo- sirven de 'contrapunto', para una profundización mayor del espectador en el contenido simbólico del film: son como el 'coro' de las tragedias clásicas. Ramona es siempre el 'siervo fiel', que lo trasciende todo, desde la colaboración sumisa, insinuante a veces. Puesta 'fuera' de la historia, es la que más la percibe y vive realmente: intenta modificar la comedia, para evitar la tragedia. Pero no puede escapar: acaba 'dentro'. Puede simbolizar la sumisión, la adaptación, la despersonalización, la seguridad, el bienestar, la comodidad... que mucha gente vive como religión.

Rita -la niña, Teresa Rabal- representa perfectamente el mundo de lo simbólico, de lo inconsciente, de la infancia obsesiva y determinante (al principio; con el saltador; en la timidez de Viridiana ante la ubre de la vaca; "Te he visto desnuda", mientras se 'soltaba el pelo' y adoraba sus objetos sagrados; tras el inicio de la trama de Don Jaime para drogar a su sobrina -con el fondo del Requiem de Mozart- "Un toro negro ha venido"...; "Don Jaime ha besado a su sobrina", en la violación frustrada; recogiendo la corona de espinas en llamas): cada aparición suya es como una llamada -freudiana- de atención, un espacio para la reflexión, una bajada al 'piso inferior' que resalta -¿aclarándola?- la ambigüedad inconsciente de todo impulso, de toda vida y, por tanto, de cada escena del film.

Y Moncho es el 'intermediario' más cercano a los pobres: tras varios enfrentamientos, decide marcharse, escapar. No quiere participar de la 'comedia', para huir -anunciándola- de la 'tragedia'.

Los pobres son los 'protagonistas' menos ambiguos de la película: se aprovechan plenamente de las diversas situaciones, sin la menor ambigüedad, represión o inhibición. Disimulan lo imprescindible ante "la señorita", para que no se agote su fuente. Son tan reales y tan espontáneos, tan naturales y tan cínicos, que Buñuel sólo ha tenido que filmar. El vocabulario es admirable, los comportamientos totalmente significativos, sus reacciones lógicas, primitivas,... crueles. Protagonizan tanto la comedia como la tragedia. Y se van '¡tan panchos!': "¡Benditos sean los santos señores que acogieron en esta casa decente a un pobre ciego indefenso! ¡Que Dios se lo pague!", dice don Amalio, al cruzarse con Jorge, tras el desaguisado -protagonizado por él-.

El último -y principal- protagonista de "Viridiana" es el 'saltador'. Igual que inicia el film con la música del "Aleluya" de Haendel y los niños y monjas del 'claustro', el saltador abre la presentación de 'la casa', de los enfrentamientos, de las ambigüedades -todo el film es una ambigüedad de vidas y sentimientos-: Rita -la 'simbólica'- salta, ante la mirada atenta -¿morbosa?, creo que no; sólo sugerente- de Don Jaime. Ëste se cuelga con el mismo saltador. Rita lo usa de nuevo -todo sigue igual-, bajo el mismo árbol del ahorcado. 'El cojo' se ciñe con él, tras 'tomar la casa'. Viridiana se agarra a él con fuerza y lo suelta impotente en su último enfrentamiento, al ser forzada por uno de sus protegidos...

El saltador -'manejado' hábilmente por Rita -Buñuel- es el hilo conductor simbólico que nos pone el loco y genial director hispano, como guión interno -¿interpretación?- de su obra maestra y ambigua -de lecturas siempre nuevas-: eros y zánatos, comedia y tragedia, juego y violencia, obsesión y represión, pasión y mística.

La religión es la 'música de fondo'. Buñuel, de educación católica clásica, se declara ateo y maldice y lucha contra ella, como culpable del borreguismo, la castración y la falta de humanismo y libertad interior que tanto abunda. "Viridiana" es una crítica sin piedad a esa opresión que la religión ejerce, manifestada de manera diversa en cada personaje. Hay muchas escenas, donde parece sugerir que la misma fuente de devoción religiosa es un sentimiento morboso sumamente emparentado con el erotismo:
Viridiana despeinándose y con sus objetos de devoción -aludida antes, como una constatación más de Rita-.
Quitándose las medias, con lentitud pretendida, mientras su tío -en el piso de abajo- interpreta a Bach al armonium, con un rostro -ambiguo, de nuevo- sumido en un éxtasis de devoción dudosa.
Toda la escena del vestido de boda y el intento de posesión tiene una ambientación exquisitamente 'religiosa', incluido el "Cum sanctis tuis in aeternum, quia pius es" (Con tus santos para siempre, porque eres misericordioso) del "Requiem" de Mozart, donde se respira una obsesión morbosa -erótico-religiosa-, casi 'mística'.
El rezo del "Angelus" -enfrentamiento entre Viridiana y Jorge-, con la plástica confrontación entre la piedad y el progreso: planos largos y bellos con la oración de fondo y planos cortos y concretos con ruidos de máquinas y obreros.
La genial -y controvertida- escena de la "cena" -"foto" incluida: imagen perfecta de cualquiera de las versiones de los clásicos de "La Última Cena"-; el 'banquete del reino', la fiesta final, protagonizada por los pobres, el baile del 'leproso', ya admitido, con los velos nupciales y los restos de la paloma -la última 'víctima' de la cadena 'humana'- desplumada, sexo, burla y violencia incluidos..., con el "Aleluya" de fondo -repetido y cada vez más fuerte: "And He shall reign for ever and ever. King of Kings and Lord of Lords. For ever and ever. ¡Halleluia!" (Y Él reinará por los siglos de los siglos. Rey de reyes y Señor de los Señores. Por los siglos de los siglos)-, interrumpida por 'el temor de su venida': "¡Vámonos de aquí, esto va a acabar peor que el Rosario de la Aurora!"
Y, finalmente, la última escena, con 'música de fondo' -¿religión?- totalmente distinta, de aparente liberación, de pacto, de pragmatismo -¿triunfo definitivo de Jorge?, "De noche todos los gatos son pardos"-, de 'ménage à trois' que rompe todo enfrentamiento, y, también, toda aspiración idealista, dando rienda suelta a la 'realidad cotidiana y rutinaria'.

¿Qué concluir, después de ver y acariciar -¡sufrir!- "Viridiana"?

Yo creo que, realmente, Buñuel pretende y consigue hacer una crítica brutal de la religión clásica, vista desde sus muchos lados negativos: sus normas alienantes, sus misterios y dogmas herméticos y antiprogresistas y su moral represiva e hipócrita.

Pero "Viridiana" no es humor negro, no es exageración cruel y despiadada. Ni siquiera creo que se deba caer en la tentación de la lectura fácil de que Buñuel se mofa y burla, sarcásticamente, de todos los 'ideales' 'humanos' y concluye que la única opción posible es el pragmatismo, la rutina, el pactar con nuestro egoísmo, cómodo y, también alienante.

Es, más bien, un 'esperpento': toma esa realidad que le interesa cambiar, tal como es -tragicómica-, espontáneamente y, con su genial cámara -humor, ironía, broma, seriedad, profundidad psicológica y social, manejo excelente de todas las inmensas posibilidades del séptimo arte-, nos presenta, con una sencillez preñada de belleza, una obra de arte -una de las mejores películas de un director español-, que escandaliza a muchos, pero que puede aceptarse como un intento de hacer al ser humano más libre, más coherente, más solidario, más 'humano'. La realidad no se puede cambiar. Pero quizá el mundo y el hombre actual necesita menos caridad y más amor, menos religión y más espiritualidad, menos normas y más libertad interior, menos piedad y más apertura de corazón, menos sacrificios y más felicidad.

También es verdad que me pregunto: Si Luis Buñuel leyera todo esto, ¿estaría de acuerdo? Creo honradamente que sí. ¿Él pretendió decirlo así? Quizá no. Pero lo grande de la obra de arte de un genio es que admite muchas lecturas: que 'diga' lo que 'dice' a cada uno de los que se acercan, abiertos, a ella.


HOJA DE TRABAJO PARA LA REFLEXIÓN POSTERIOR

Una de las mayores muestras de inteligencia es el 'sentido del humor'; una de las pruebas de fuego del sentido del humor es reírse de uno mismo, 'mirarse desde fuera'. Eso es, en definitiva, la humildad -la verdad- ("La felicidad es una manera de mirar"). Nos reímos de todo y de todos, pero ¡que nadie se ría de nosotros o de lo nuestro! ¿Quieres que intentemos 'mirarnos desde fuera'? Pues, pon los vídeos que recuerdes, en los que tú actuabas; mírate con humor, con objetividad, sin atacarte, sin avergonzarte, sin... defenderte. Simplemente mira, qué rasgos tienes de cada uno de los personajes que ayer criticábamos, desde fuera, 'tan tranquilos'.

Activista (viridiana): necesito llenar mi vacío,huyo hacia delante; utilizo, manipulo, los demás son 'excusa', los necesito -¡creyéndome servirles!-; no me atrevo a llamar al pan 'pan' y al vino 'vino', me da miedo enfrentarme a mis sentimientos, afectos, atracciones -¿sexo, también sublimado?-, anhelos, frustraciones; todo lo pienso 'para' ver cómo lo digo, lo entienden, les cae,... a los otros
-> va a lo suyo, cae en su propia trampa, acaba pactando con su 'enemigo'

Escapista (moncho): no estoy de acuerdo con los fallos de esta institución ¡y me voy!, nada está a mi altura (igual al perfecionista), los demás son malos, no me puedo mezclar con ellos; si soy súbdito, la culpa es de los superiores; si soy padre, los hijos; si monja, los laicos; si profesor, el director; siempre tienen la culpa los otros; yo perdono, pero no olvido; colaboro, pero no me implico
-> va a lo suyo, está por encima del bien y del mal, acaba abandonando

Narcisista (don jaime): voy tras mis frustraciones, manías, obsesiones, inseguridad, dudas, egocentrismos,... me agarro al pasado, a la tradición, a una vivencia bastante ambigua de mi afectividad -sexo no consumado, siempre inconfesadamente insatisfecho-, de mi religión, de mí mismo, de Dios...; organizo la vida de los demás, buscando que solucionen los problemas, a los que yo no me enfrento
-> va a lo suyo, eso le lleva a la muerte (¡sonriente! ¿ajeno?)

Perfeccionista (superiora): soy duro, tengo las cosas claras, los demás tendrían que hacerme caso; el orden, el bien, la conciencia,... tienen valor en sí mismos, están al servicio de mis intereses, de quedar encima, 'me sirvo de', creyéndome 'servir a'; direcctivismo, manipulación,... no escucho, aconsejo, empiezo hablando yo; pongo tono distante en cuanto alguien 'toca temas profesionales'
-> al final se queda 'fuera', va a lo suyo

Sumisa (ramona): trago carros y carretas -voy siempre debajo de algún 'carro'-; no puedo soportar el conflicto, prefiero adaptarme -ante Dios, la norma, lo de siempre, los superiores, compañeros más fuertes, pareja, alumnos,...-; me siento despersonalizado, débil, tímido, los demás son más fuertes,... y prefiero jugar 'al contrataque' -pueden contar conmigo para lo que me necesiten-; que se comprometan ellos, que decidan ellos, que se arriesguen ellos
-> va a lo suyo, acaba en la rutina, aburrimiento, 'jaula de oro'

Pragmático (jorge): a mí lo único que me importa es lo que se ve, los hechos, la eficacia, lo que me puedan probar; soy práctico, estoy de vuelta de todo, a mí no me la da nadie; antes que tú vayas, yo ya vuelvo; con la experiencia que tengo, ¡qué va a haber que yo no sepa!
-> va a lo suyo 'aunque sea a largo plazo', le va el juego, la juerga, la mentira,... acaba en la farsa

Sufridores (pobres): -ahí no nos solemos poder reconocer, aunque estamos así más de lo que pensamos- pisados y pisan, masoquistas y sádicos: 'pasan por todo' y cuando llegan arriba tiran la escalera; de ellos es el reino pero 'se aprovechan': les espera la -están ya en- 'gehenna', viven desde el 'temor a su venida'; se sienten víctimas y en cuanto pueden son verdugos


(Perdona, pero no pienses ahora en cómo se aplica de bien esto a éste o aquél; estate contigo.)




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