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Ficha técnica

Dirigida por
ROBERTO BENIGNI;
Producida por
ELDA FERRI y GIANLUIGI BRASCHI;
Jefe de producción
MARIO COTONE;
Guion de
VINCENZO CERAMI y ROBERTO BENIGNI;
Música
NICOLA PIOVANI;
Montaje
SIMONA PAGGI;
Director de fotografía
TONINO DELLI COLLI;
Una producción
MELAMPO CINEMATOGRAFICA;
Distribuida por
LAUREN FILMS;
Producción, ITALIANA;
Versión original
ITALIANO, ALEMÁN, INGLÉS;
Duración, 115 m;

Ficha artística

Roberto Benigni, Guido Orefice;
Nicoletta Braschi, Dora;
Giorgio Cantarini, Josué;
Giustino Durano, Tío
Sergio Bini Bustric, Ferruccio Orefice;
Marisa Paredes, Madre de Dora;
Horst Buchholz, Dr. Lessing;
Lidia Alfonsi, Guicciardini;
Giuliana Lojodice, Directora Escuela;
Amerigo Fontani, Rodolfo;
Pietro De Silva, Bartolomeo;
Raffaella Lebboroni, Elena;
Raffaella Lebboroni, Elena;
Andrea Nardi, Tapicero;
Franco Mescolini, Inspector Escolar.

Otros galardones
7 Nominaciones a los Oscar:
Mejor Película, Mejor Película Extranjera, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Guión Original, Mejor Montaje, Mejor Banda Sonora Original (Drama)
Ganadora de 30 premios internacionales:
Mejor Película, Mejor Actor, Premio del Cine Europeo, Gran Premio Especial del Jurado
en el Festival de Cannes
9 David de Donatello
5 Nastro d'Argento
Premio del Público, Festival de Locarno
Premio Experiencia Judía, Festival de Jerusalen
Premio del Público, Festival de Toronto
Premio del Público, Festival de Montreal
Premio del Público, Festival de Vancouver
Premio del Público, Festival de Los Angeles
Mejor Película, Festival de Varsovia
Mejor Película Extranjera, Premio Lumière
Premio Especial de Cinematografía, Asociación Nacional de Críticos de EE.UU.
Mejor Película, Asociación Nacional de Periodistas Cinematográficos de Italia

Más información
A continuación te ofrecemos algunos enlaces que puedes consultar sobre esta película:


  • Claqueta
  • Lauren Filfms
  • Database USA
  • Eduardo Sotomayor
  • Comentarios de
    Fernando Moreno Muguruza

    Para enviar tus sugerencias escribe a muguruza@colegioapostol.com.

    La vida es bella
    -Oscar Mejor Película Extranjera,
    Oscar Mejor Actor,
    Oscar Mejor Banda Sonora Original (drama)-

    COMENTARIO CRÍTICO
    Tras mi comentario de 'Tienes un e-m@il', he recibido varios mensajes interesantes. Un buen amigo, Martín, me dice: "Tu comentario no es precisamente el prototipo de producto de usar y tirar, por lo largo y los caminos tangentes que vas tomando a cada párrafo. Te repito que a mí me gusta mucho, pero no sé si los que buscan qué película gastar este fin de semana, estarán dispuestos a llegar al final."

    Los que hayan leído algunas 'butaca crítica' habrán caído en la cuenta de que, aunque soy muy aficionado al cine, no soy un especialista. Y hemos querido hacer un espacio distinto a otros: reflexiones sobre aspectos importantes de la vida, para invitar a pensar a aquellas personas que quieran hacer lecturas más amplias. Suelo repetir machaconamente que 'para gustos se hicieron colores': Que no deberíamos decir 'hace frío' o 'toma sopa, que está muy buena', sino 'tengo frío' y 'a mí me ha gustado la sopa'. Y, si los gustos son subjetivos y las percepciones selectivas, toda crítica necesariamente ha de partir de reflejar una opinión particular. Aquel que busque otra cosa no volverá a visitarnos. Y espero que siga habiendo quien encuentre en mis reflexiones puntos que le sirvan para dialogar, reflexionar, profundizar y, en definitiva, vivir más y mejor.

    La vida es bella se presta muy bien a reflexiones sobre la vida y el amor. Ya me llamó la atención la diversidad de personas que la alababan y la manera en que se hablaba de ella. No me pareció, de entrada, una película más. Fui a verla en una gran sala, un cine de los de antes, con gallinero, repleto de gente. Y lo primero que me llamó la atención, aparte de la cantidad -que la cola daba una vuelta a la manzana que casi nos hizo desistir del intento-, fue el tipo de gente que había. Distinta a la mayoría de las que yo me había encontrado en otras proyecciones. Edad media, mayor. Clase media, alta. Moda media, pija. "¡Menos mal que, por fin, ponen una película que se puede ver!", parecía que se decían.

    Eduardo Sotomayor escribe: "Nunca me ha gustado Roberto Benigni. Me pareció patético en "El hijo de la Pantera Rosa" y odié "El Monstruo", paradigma del bodrio con pretensiones de comedia, que incomprensiblemente para mi, arrasó en Italia. Por ello acercarme a "La Vida es Bella", que nos llega repleta de galardones y alabanzas críticas me producía cierto pavor pues, conocida su obra, me resultaba impensable que este Jim Carrey italiano pudiera ser el responsable de tantas bondades. Pero, como todo es posible en el cine, reconozco que esta película me hace olvidar los nefastos antecedentes y paso a ser devoto admirador de Benigni.

    Esta formidable "charlotada" -dicho sea en el mejor de los sentidos- quizás esté algo sobrevalorada pero atesora suficientes méritos como para pasar a la historia del cine. Sin caer en el relato reivindicativo y huyendo de la sensiblería fácil, simplemente se nos muestra la historia de un gran hombre capaz de desdramatizar la mas horrible de las historias en beneficio de su hijo. La película nos regala secuencias de indudable genialidad ridiculizadora y de auténtica grandeza cinematográfica. El duelo entre el ingenio y la intransigencia queda retratado con indudable inteligencia y destaca sobre los valores formales pues tanto la realización como la interpretación son sólo correctos."

    Sin estar del todo de acuerdo con la última frase, me ha llamado la atención la definición de la película como un duelo entre el ingenio y la intransigencia. La grandeza de La vida es bella está, a mi juicio, en contarnos cómo 'aún es posible la esperanza', cómo 'el amor es más fuerte que la muerte', que 'el amor hace milagros'. Y toda una serie de frases que son percibidas como utópicas, pero que pueden ser verdad. Y pueden ser verdad, en la medida que las 'hagamos verdad' en nuestra vida.

    "En este mundo traidor nada es verdad ni mentira: todo es según el color del cristal con que se mira", escribía Campoamor; y dice la sabiduría popular "cada uno habla de la feria, como le va en ella". En muchas de mis intervenciones me toca hablar de la felicidad. Con la mayoría de personas que hablo tengo que ayudarles a encontrarla. Y os confieso que ambas cosas me resultan -además de apasinantes- muy difíciles. No hay una regla general. No hay dos personas ni dos vidas, ni dos circunstancias iguales. Ni siquiera parecidas. La felicidad -como la verdad, o la 'feria'- es distinta para cada itinerario. 'No hay ningún tren para la felicidad', formulaba hace poco. Casi todo se puede adquirir, más o menos 'en serie', en un sitio o en otro, a un precio u otro. La felicidad -como el amor, la verdad, la alegría- no trae manual de instrucciones. Se logra con la propia artesanía.

    Y otra cosa que repito mucho es que la educación entra en ese bloque de 'manufacturas intransferibles'. Cuenta Tony de Mello: "Una mujer preguntó al maestro: ¿Qué tengo que hacer para que mi hijo sea feliz? Y le contestó el maestro: ¡Sea usted feliz!" Y dice el lema de una Escuela de Padres: "Los hijos no aprenden, imitan". Es muy claro que, si yo quiero que mis hijos hablen muy bien inglés, el método más perfecto -y más barato- es que en nuestra casa sea un correcto inglés el idioma familiar. 'La familia normal proporciona a sus miembros de todo menos familia, hogar, calor, afecto'. Un padre que se precie no puede estar con su hijo, porque tiene que estar trabajando para darle otras muchas cosas.

    La principal moraleja que saco yo del genial film de Benigni -y os lo quiero contar, por si os sirve- es que Guido ama tanto a Josué y a Dora, que, hace todo lo posible, para que sean felices. El único camino para la felicidad es el amor.

    Durante la proyección -con toda esa gente que os contaba que la vi- y luego, he visto que se pueden hacer otras muchas lecturas, otros muchos discursos y -como en la vida misma- otras muchas escapatorias. Casi todo el mundo se queja de que su vida es triste, dura, monótona, amarga, inaguantable. Y lo curioso es que la culpa ¡siempre la tienen los demás, lo de fuera! En mi ya larga vida de terapeuta me he convencido de que la solución está en 'estar por encima de las circunstancias'. Se suele creer que el problema son las circunstancias, lo que viene de fuera. Pero el problema -y la solución- está en cómo me tome yo eso que me viene de fuera. He visto a gente ahogarse en un minúsculo y risible vaso de agua y a otra nadando en un océano profundo de olas altas y constantes. La cuestión es saber nadar. Y, muy importante, aprovechar para aprender y entrenar, mientras no cubre. Reconozco que, cuando ya cubre mucho, es muy difícil que se vea posibilidad de poder flotar.

    En una entrevista que presenta el último Cinemanía, Emma Roig pregunta: "¿Una sola frase le ispiró La vida es bella?" Y Roberto Benigni contesta: "Sí, fue precisamente cuando leí el diario de Trotski, a pesar de que tuvo una vida terrible, llena de relatos atroces, acaba su historia diciendo: 'he vivido todo esto, pero, al final, sólo me queda decir una cosa "la vida es bella". Todos nosotros tenemos el derecho y el deber de decir lo mismo. El título traspasa el filme, es la frase más simple y a la vez lo que encierra todo. ... Lo que narro es real, hubo supervivientes de campos de concentración que fueron capaces de salvar el romanticismo. El amor, la imaginación y la fantasía son capaces de superar cualquier cosa. El protagonista ayuda a su hijo a superar una experiencia tan horrible, ... es el regalo más grande que un padre puede dar a su hijo."

    Y en otra entrevista, de Graham Fuller, dice Benigni: "Para mí, si eres capaz de reír, eres el dueño del mundo. ¿Acaso hay algo más simple o más hermoso que proteger la inocencia, que tener el derecho de proclamar que la vida es hermosa hasta el último momento? Desde un punto de vista histórico es posible que la película adolezca de alguna inexactitud. Pero hay que recordar que es una historia de amor, no es un documental. No hay violencia explícita porque ese no es mi estilo. Hay gente que ha dicho que no hay suficiente horror en las escenas en el campo de concentración. Sin embargo, si ya mostramos la posibilidad de que mueran los niños, ¿puede haber algo más horroroso? ... Cada noche, tenía sueños en los que me convertía en el padre de un niño al que no podía verle la cara bien. Incluso antes del rodaje, cuando escribimos la segunda parte de la película, nos detuvimos muchas veces, porque la idea de hacer esta película con un chico pequeño era casi insoportable. Antes de empezar el rodaje, mi mujer y yo intentamos contarle a Giorgio el argumento de la película como si fuese una fábula, con buenos y malos. Le gustó el argumento, pero le asustó. Quería saber si era verdad, porque se dió cuenta de que aquello era la historia de Italia." Conviene recordar aquí que Nicoletta Braschi, la actriz que hace de Dora, es la pareja de Roberto Beligni en la vida real y la coprotagonista de casi todas sus películas anteriores.

    Roberto Benigni, como los grandes cómicos, quiere enfrentarnos con un tema 'mayor': el drama de la vida de cada uno de nosotros. Cada uno tenemos que poner a los protagonistas nombres y apellidos, seleccionar paisajes y decorados, resituar bambalinas y comparsas.

    No se queda corto el buen cómico al apuntar a la historia del holocausto judío. Un punto de referencia suficientemente cercano y lejano, para poder objetivar y relativizar nuestras historias grandemente pequeñas y complicadamente simples. En eso consiste el humor. En poner distancia iluminadora entre yo y lo mío. El humor, como el amor, es una forma privilegiada de mirar.

    La película empieza con una enigmática y rápida escena, repetida al final, como un simbólico leit motiv; Guido lleva a Giorgio dormido en brazos y se adentra en la niebla. La primera vez, como pórtico de entrada, se oye una voz: "Como en toda fábula, hay dolor y hay cosas maravillosas"; al final, se nos muestra un horrible fresco, al estilo de 'El infierno' de El Bosco, como recapitulación de la historia.

    Tras la primera escena de la niebla, Benigni nos introduce, casi de improviso, en la cuidada y deliciosa primera parte. La ambientación en su Arezzo natal, con un cariño no disimulado, es perfecta. Color meridional, espontaneidad popular, música pegadiza. Gags fáciles que nos hacen entrar descuidadamente en el alma de un ser humano sencillo y profundo. Como buen payaso, no sólo hace reír -ni sólo da pena-: nos hace entrar, de puntillas, en un mundo de fantasía y de misterio.

    Y, ya desde el principio, nos da la posibilidad de hacer una lectura altamente sugerente de la realidad. No se queda en la risa fácil, aunque muchos espectadores -también en la segunda parte- demuestran con carcajadas que no quieren enterarse de la fiesta. Y es que el humor, que vehicula el amor, y que se expresa más desde la sonrisa, es algo muy diverso de la risotada, la juerga y otras maneras de trivializar la vida.

    Multitud de detalles son parodias hábiles y críticas sutiles. La incontrolada llegada triunfal, brazo en alto, con adornos vegetales en el coche sin frenos. La discusión con la secretaria sobre su instancia -finísima crítica a la burocracia de este 'rojo inteligente y tierno'- para instalarse de honrado librero y el affaire de los huevos con su futuro rival sentimental. Los inesperados encuentros -"¿Quedamos? No, espero que nos encontremos inesperadamente"-. Los milagros prodigiosos como la llave venida del cielo. La lección de esgrima del viejo tío al aprendiz de camarero, mezcla de juego y preparación para el combate, en un ambiente sobrecargado de mudos y elegantes espectadores en los frescos de las paredes del lujoso hotel. La libre elección de menú del inspector romano, sabiamente manipulada por el servicial toscano. La exaltación de la raza que se acaba mirando descaradamente el ombligo. La escucha atenta a Los cuentos de Hoffman con 'el oído que puede escuchar'. El beso cálido, robado a la fría etiqueta, bajo la mesa. El espectacular desfile en el caballo maquillado. La señorial alfombra desplegada escaleras abajo. El volante convertido en improvisado paraguas y elegante bastón chapliniano. El feliz paseo bajo la lluvia, con el culo al aire. El 'etcétera' sería inmenso.

    Resulta muy brillante el paso del tiempo desde la florida visión del jardín. Muy bello y sugerente el resumen de la feliz cotidianidad familiar, pintado sobre una desbocada bicicleta triplaza. Y sumamente eficaz la transición anunciada en el primer despunte del humor como bálsamo del horror: la 'lista de Guido' -otra que la de Schindler, tan inconsistente y arbitraria como cualquier otra-: judíos y perros, caballos y españoles, chinos y canguros, visigodos y arañas. El eterno maniqueísmo que necesita de buenos y malos. Las múltiples e inconfesadas perversiones -desde las más diversas ideologías y fanatismos, incluidos los religiosos- que necesitan buscar -y hacer sentir- culpables. Y creo que para Benigni, como para cualquiera, lo terrible no es el exceso nazi, sino todo exceso -"esos bárbaros, los vándalos de siempre", que se dice al principio-.

    Y no quiero dejar de hacer mención al bueno de Schopenhauer. Ferruccio da a Guido un arma importantísima para la construcción de su sueño redentor: la voluntad. En 1981 Schopenhauer escribía su obra fundamenteal, El mundo como voluntad y como representación, que da a Benigni una base filosófica muy sólida: la doctrina de la voluntad, fuera de la cual todo es apariencia y puro devenir; la voluntad del ser humano es la que 'crea y hace que existan' las cosas. Primero pensé que Benigni podía haber acudido a nombres y escuelas más actuales -más de moda hoy-, pero me encantó este toque filosófico serio, fuera de tanta corriente y literatura actual que se traga sin discriminación. Que la mente 'crea y hace que existan' muchas realidades es algo fuera de duda, pero no desde una tertulia baratamente ilustrada, sino desde la experiencia comprometida con la vida auténtica: la voluntad del amor silencioso y no de la pomposa y vacía prestidigitación.

    La Madre de Dora -medida y sobria Marisa Paredes- es un ingrediente familiar de esta tragedia. Presentado, también, con un sabio y ácido humor: el cómico hipo causado por los sentimientos contrariados. La madre que busca su bien social y no la felicidad de la hija. Paradigma de muchas 'educaciones', donde se trasmite al hijo, la amargura que ni se admite, ni se formula, ni se intenta curar. Y, a veces incluso, identificadas como amor.

    La decisión de Dora de 'subirse al tren' -en muchos sentidos-, da una nueva dimensión al drama. El único momento explícito en que ejerce su co-protagonismo: ella también elige el amor, el sacrificio, la ofrenda. El dolor no se presenta como masoquismo morboso. Me impactó a este respecto una frase: "Servir es el arte supremo. Dios es el mejor servidor. Pero no esclaviza." Y recuerdo otras dos frases lapidarias que tienen también su miga: "el silencio es el grito más fuerte" y "no hay nada más necesario que lo superflúo". Hay en la película mucho de lo esencial a una espiritualidad profunda, humana, sana. Guido tiene mucho que ver con la 'versión buena' de otros 'redentores': Luther King, Ghandi, Che Guevara o Jesús de Nazaret. Desde ahí me parece genial -y preñado de misterio, de lección, de meditación, de 'deberes para casa'- la elaboración del final -temido, por sugerido y esperado en todo el film-. Final doble, complejo, nada simplista -ni italiano ni americano, sino mezcla de los dos-. De tragedia griega, con su catarsis -silencio purificador, posterior, y curiosamente previo, al desenlace- y su deus ex machina -tanque americano, ¡nunca mejor dicho!-.

    El tren, inmensa nube negra en el humo y en el alma, finaliza la transición. Cambia la música, el color, el ambiente, el entorno humano. Pero sigue la vida. El amor lucha contra el desaliento y la desgracia. Los gestos cómicos pueden resultar patéticos. Los espectadores, desde el patio de butacas, quieren seguir viendo -y viviendo- una comedia vacía. Cada vez cuesta más mantener la ilusión y el sueño. Los hombres malos que gritan mucho, cada vez dejan menos escapatoria a la imaginación.

    Magistral me parece la escena de la traducción simultánea. El protagonista es consciente de que quien tiene la información tiene el poder y convierte las órdenes del oficial, en reglas de un juego que salva y redime. Las trágicas normas de destrucción hechas piedras preciosas de un sueño. Sigue venciendo la vida. Incluso la banda sonora, densa y gris, hace tímidas variaciones sobre las melodías populares de la Toscana. Guido se arriesga a inundar el negro silencio con la alegre Barcarola de Offenbach, de rojos recuerdos de pasión y encuentro.

    Pinceladas terriblemente sobrias en la descripción de los horrores de un campo de concentración. Suspense mantenido en las dudas del pequeño -incluida la salida al entuerto del 'gracias'-. Inmenso el dibujo de los mandos. El viejo doctor, sólo obsesionado por las adivinanzas: los dictadores nunca podrán ver otra cosa que sus monstruosas y rebuscadas elaboraciones mentales. "¿Ayúdeme usted, por Dios!" le grita al perplejo Guido, desde su angustia paranoica. Y que no se nos escape un "Got is mit uns" -Dios está con nosotros (¡)-, que se ve de pasada en una de las dependencias de los crueles opresores.

    Y acabo. No puedo alargarme sobre otra infinidad de temas que sugiere La vida es bella. Creo que los aspectos formales están 'a la altura' de los geniales contenidos -explícitos e implícitos- de la película. Y pienso que hacer cine no es sólo los valores formales. Transcribo unas significativas palabras de Benigni en la entrevista de Emma Roig: "En EEUU se gastan mucho dinero en efectos especiales. La única manera de competir con eso es con ideas; las ideas son nuestros efectos especiales, unos efectos especiales todavía más poderosos."

    Ya hablé antes del final, esperado e inesperado, como la vida misma. Giorgio dice, al ver el tanque: "¡Era verdad!". Y, poco después, ya como voz 'en off': "Este es el sacrificio que hizo mi padre por mí". La vida de Guido se dedica a hecer felices a los que quiere. Y curiosamente, como es desde un amor auténtico -un sabio y sano amor a sí mismo-, él es el primer beneficiado de su intento.

    F.M.M.

    La felicidad se consigue,
    mirando desde el amor.

    Proverbio oriental

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