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Ficha técnica

Dirección:
Nora Ephron
Guión:
Nora Ephron y Delia Ephron.
Dirección de fotografía:
John Lindley.
Música:
George Fenton.
Producción:
Lauren Shuler-Donner, Julie Durk
y Nora Ephron.
Montaje: Richard Marks.
Duración: 119 minutos.
Nacionalidad: USA.
Versión original: inglés.
Color: Tecnicolor.
Sonido:
DTS / Dolby Digital / SDDS.
Fecha de estreno:
18 Diciembre 1998.

Ficha artística

Tom Hanks, Joe Fox;
Meg Ryan, Kathleen Kelly;
Greg Kinnear, Frank Navasky;
Parker Posey, Patricia Eden;
Jean Stapleton, Birdie;
Steve Zahn, George Pappas;
David Chappelle, Kevin Scanlon;
Dabney Coleman, Nelson Fox;
John Randolph, Schuyler Fox;
Heather Burns, Christina;
Jane Adams, Sydney Anne;

Más información
A continuación te ofrecemos algunos enlaces que puedes consultar sobre esta película:


  • Cinemagazine:
  • Metrópoli:
  • Database USA:
  • Comentario de

    Fernando Moreno Muguruza.
    Para enviarme tus comentarios escríbeme a fermomugu@telefonica.net.
    "Tienes un e-m@il"
    COMENTARIO CRÍTICO

    En una 'butaca crítica' para cibernautas no puede pasarse por alto una película como Tienes un e-mail. El título mismo me sugiere un comentario, un poco superficial a simple vista. Ése es el saludo del ordenador que, cuando abres el correo, te da la buena o la mala noticia. Es uno de los momentos más personales y humanos de la maquinita. El mío usa dos frases: 'You have new mail': con musiquita y todo, esa buena noticia sabe a gloria. Y 'Sorry, you don't have any new mail': cuando no hay correo, el pobre pide perdón. ¡Te lo comerías a besos! A los que no tengan la experiencia efectiva de recibir un mensaje afectivo y, por eso, ansiosamente esperado, esta disquisición les parecería, además de superficial, superflua. Todos vosotros, lectores enrollados y enganchados, comprenderéis mis reflexiones, más que 'sobre la película', a propósito, sobre todo, de un aspecto importante de ella.

    Cuando alguien que recoge las cartas del buzón familiar te pasa un sobre y te dice 'Tienes una carta', por mucho que su voz tenga retintín, no es nada comparado a las sensaciones, variadas y complejas, de tu intimidad, cómplice y morbosa, con tu ordenador conectado a internet, en tu habitación, cerrada y aislada, templo de tu vida privada. En las primeras secuencias de la película, se ve, cada uno por su lado, cómo Joe y Kathleen esperan la marcha de sus compañeros, para enchufarse. La película empieza por pintarnos maliciosa y magistralmente esa especie de culpabilidad de 'pecado solitario', de compulsividad obsesiva, que tiene el salir de la vida y entrar en el vacío.

    Nora Ephron es directora y co-guionista: "una de esas mujeres que hace bien todo lo que toca", que dice una de las críticas de la red. Periodista, escritora de best-sellers y guionista: suyo es el gran guión de Cuando Harry encontró a Sally -una 'insustancial comedia de mujeres', que pareció a muchos insustanciales-, lleno de contenido dramático, cargado de ansias de liberación interior, por encima de fatuos feminismos; vital y vitalizador, con aquel final -un recuerdo a Bird- inesperado, loco, provocador: su salto en el vacío es una apuesta por la vida en libertad -¡cosa que la vida en sociedad ofrece con poca frecuencia!-.

    En Algo para recordar prueba suerte como directora, con Tom Hanks y Meg Ryan como pareja de prtagonistas, rehaciendo un clásico del cine, Tú y yo. Tras el éxito conseguido, repite la experiencia en Tienes un e-mail, basada en El bazar de las sorpresas -curiosamente titulada 'The shop around the corner'- del genial Ernst Lubitsch. En este bazar trabajaban como dependientes una pareja que se pasa el día discutiendo y cayéndose fatal, mientras que, sin saberlo, tienen una relación cariñosa e ilusionada por correspondencia anónima.

    Nora Ephron pone al día este sugerente argumento, cambiando, como es lógico, el correo convencional por el picante de las relaciones por internet. Un picante muy actual, muy sugerente. Y uso la palabra picante, porque la utilización de internet -como la de cualquier técnica actual-, siendo muy buena y llena de posibilidades interesantísimas -y hablo por mí-, para muchos, quizá por no saberlo, puede resultar altamente peligrosa. Yo he podido ver ya en consulta tanto relaciones amorosas iniciadas en un chat, como inadaptados sociales cuya única vía de comunicación, física y emocional, es un teclado y una pantalla de ordenador. Las consecuencias patológicas son patentes y, a veces, difíciles de ver por los afectados.

    No quiero hacer moralina -sobre todo, sabiendo que la mayoría conocéis el problema desde dentro-, pero me parece necesario no tomarse a broma el hecho de que la realidad virtual, en no pocas ocasiones, impide un contacto objetivo con la realidad real: del mundo, de los demás, de uno mismo y -en el caso que nos ocupa- de las propias relaciones. Un buen vino ayuda a la digestión y da, de momento, una buena euforia; en algunas naturalezas el vino resulta un grave problema y causa graves problemas a uno mismo y al entorno, aunque resulte muy difícil de admitir. Igualmente internet puede ser un mal rollo para ciertas personalidades. Como decía, conozco relaciones de una intensidad emocional y afectiva importante, con problemas imprevisibles en su encauzamiento -con la otra persona ¡y con uno mismo!- y normalización posterior. Y es cada vez mayor el número de adolescentes que, encontrando áspero y adverso el ambiente familiar y social en que se mueven, construyen alas cibertnéticas -como Ícaro, de cera que se derrite al sol- que les permiten volar, realizarse, pertenecer, compartir, en una realidad que sólo los demás pueden reconocer como no real.

    Desde el principio, la película nos muestra claramente que el contacto con el correo elctrónico es una evasión de la realidad para los protagonistas. Kathleen observa, cautelosamente nerviosa, el recorrido de Frank, hasta perderlo de vista y poder refugiarse en una intimidad que le da vida. Joe mira con sus ojos de niño asustado a ver si, por fin, se ha ido Patricia. La trama es pretendidamente simple. Pero los diálogos son enormemente significativos. Se nos pinta gráficamente caricaturizado el ritmo de vida -de muerte- de Frank y Patricia. Enseguida vemos dos parejas cuya comunicación no funciona. Joe y Kathleen viven pendientes del correo, fuente de intimidad y comunicación, y no escuchan demasiado a todo lo demás, incluido su propio partner. La realidad afectiva de la relación electrónica, alimentada con los más cuidados detalles, va apagando y quitando poder y afecto a toda otra relación.

    Y el film nos plantea que es más cómodo contar tus intimidades a una pantalla que a una persona que te esté mirando; es fácil soltar al vacío las cosas que no te atreves a contar a tus amigos. Con un teclado eres capaz de decir intimidades y concreciones que no podrías llegar a formularte siquiera en la presencia real de un interlocutor palpable. Las relaciones afectivas que se provocan en internet están desprovistas del compromiso personal que las relaciones reales llevan implícito. Esta imperceptible falta de confrontación, que ofrece el ordenador, provoca sentimientos y emociones difícilmente clarificadas y elaboradas. En un chat puedes llegar con alguien a intimidades que no han pasado por la validación objetivante y realista del contacto de la vida real. En un correo electrónico es más fácil preguntar o responder cuestiones que no harías a esa misma persona, si la tuvieras delante -o al otro lado del teléfono-. Ante el espejo narcisista de la pantalla puedes montarte una historia en la que no entran en juego factores importantes y necesarios de la comunicación.

    Un paso más: "el mayor problema en la comunicación, está en la incomunicación con uno mismo", dice un psicólogo actual. El teclado mágico me permite hacer preguntas que me serán contestadas al instante por un interlocutor desconocido, antes de que me haya atrevido a contestármelas yo mismo previamente. La ausencia de compromiso personal puede desarrollar una comunicación peligrosamente vacía, por excesivamente fácil.

    Por eso, Tienes un e-mail no puede reducirse al ámbito de una lectura sencilla; ver simplemente una comedia más de pareja, en la que cada cual está insatisfecho con quien tiene y busca lo que no tiene. Nora Ephron nos pinta con delicadeza algo más sutil. Las películas hechas por mujeres -un recuerdo inmenso para El piano- nos dan la posibilidad de entrar muy dentro de la psicología de los personajes (y aquí son mujeres también las productoras y la otra guionista). El simple argumento lleva detrás un problema crucial: la necesidad de identificación y de pertenencia del ser humano.

    ¿Quién soy yo? ¿Con quién me identifico? ¿Ante quién dejo salir lo mejor de mí mismo? ¿Soy lo que muestro o lo que no logro sacar? ¿Logro ser yo mismo ante alguien? ¿Al menos ante un espejo? ¿Ni siquiera ante la pantalla de mi ordenador? ¿Me identifico con alguno de estos 'personajes' que no 'soy'? Y, en otro orden de cosas, ¿todos estamos insatisfechos con lo que tenemos y pensamos que seremos felices, cuando tengamos lo que nos falta?

    Para estas preguntas, si es que nos las queremos hacer, da pie sobrado esta sugerente y profunda película. No es casual la manifiesta contraposición de dos mundos. No sólo en lo económico, aunque también. En Foxbooks se hace el 30% de descuento y se ofrece toda un serie de atractivas comodidades. En 'La tienda de la esquina' se atiende -se vive- con ternura, con humanismo, con delicadeza. La masculina familia Fox muestra unas características muy lejanas a las de la femenina familia Kelly. El despacho con las tres generaciones de encorbatados ejecutivos, avariciosos y zafios contrasta con la foto de la madre y la hija, que se pone en movimiento y gira y gira, donde el recuerdo y el amor dan fuerzas para luchar.

    A este propósito, no quiero dejar de hacer mención especial de la banda sonora. Obra del gran George Fenton, autor de otras músicas como El rey pescador, Las amistades peligrosas, Grita libertad o Gandhi. En muchos momentos es la música la que te lleva de un estado de ánimo a otro. Populachera, cuando es necesario; profunda y tierna, casi siempre; siempre envolvente y aglutinadora. Colabora a que el ritmo de la película resulte el adecuado: ágil, ligero, entretenido. Hace que dos horas, en que no pasa nada, se pasen sin darte cuenta.

    Otra mención especialísima a la fotografía de John Lindley -Durmiendo con su enemigo, El padre de la novia, Pleasantville-. Cada fotograma está cuidado y conseguido. Crea ambientes cálidos y cercanos, donde el mundo interior, rico en matices, se hace transparente.

    De la interpretación poco tengo que decir. La dirección de actores me parece bien llevada. Más expresivo Tom Hanks que Meg Ryam, un poco automática y con gestos bastante predecibles.

    El argumento, concluyo, es simple; incluso simplista. En la historia profesional, como es lógico, 'el pez grande se come al chico'; y en la historia afectiva triunfa el amor. A tal comedia, mezcla de amor y humor, no podía faltar ese final feliz. "Enfrentados en la vida, enamorados en internet", dice tras el título un cartel publicitario de la película. Pero, al salir, ¿podemos quedarnos ahí? Nora Ephron nos invita a reflexionar sobre nuestras vidas y nuestra comunicación. ¿Ponemos nuestra 'calidad de vida' solamente en los avances tecnológicos y en los recursos económicos que poseemos? ¿Por qué no intentamos mejorar también los niveles -sinceridad, compromiso, objetividad y realismo; delicadeza, ternura, sensibilidad y amor- de nuestra comunicación?

    F.M.M.

    "La vida es lo que te está pasando,
    mientras estás distraído en otras cosas."
    Anthony de Mello

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