En Vigonet
se puede leer: "La última película del genio neoyorkino es un pretexto para
reflexionar sobre su propia vida y obra, como ya haría en Recuerdos, pero con más cosas
que decir, más madurez y más espíritu autocrítico. La carga conceptual de la película y
las referencias a la propia obra (que harán las delicias de los cinéfilos woodyadictos)
se relatan con una narrativa tan libre y distendida que la reflexión más sesuda se
convierte con una facilidad pasmosa en una comedia delirante. Imprescindible."
A este hilo, me gustaría hacer algunas reflexiones.
Quiero confesar, en primer lugar, que soy 'cinéfilo woodyadicto'.
Me gusta el cine, 'séptimo arte', como caleisdoscopio favorecedor
de una visión enriquecedora de la vida.
Decía Tony de Mello: "La vida es lo que te pasa, mientras estás distraído con
otras cosas". A los seres humanos cualquier cosa debería sernos
útil -más el arte, todo arte, el buen arte-, para enseñarnos a ver
la Vida, que nos está pasando continuamente, a borbotones, dentro y fuera.
El cine -el cine de autor, el cine de tesis, el buen cine-, además de entretenimiento,
puede ayudarnos a vivir más y mejor.
Woody Allen
es de esos directores que puede ayudar -a mí me ayuda, como
Buñuel o Bergman-. A primera vista es monotemático, unipersonal y unidireccional.
Nueva York -Manhattan-, la literatura, el sexo. No disimula su enamoramiento por
su barrio, su oficio y su personilla. No disimula su narcisismo ni su 'obsexión'.
En Desmontando a Harry no sólo no los disimula, sino que los pone de cebo.
Escandaloso y esperpéntico, para muchos.
Confieso que hubo momentos de la proyección que pensaba: "¡Por favor, Woody,
no te pases! Que me gusta mucho lo que haces; que lo cuentas muy bien; pero
que mucha gente te va criticar y no te va a hacer caso." Y pensaba en muchos
amigos míos que se saldrían horrorizados de la sala. Su decálogo
vital -"nihilismo, cinismo, sarcasmo, orgasmo"- es de un realismo
escandalizante -"Amor y Humor", suelo formularlo yo-.
De principio a fin es un alarde de 'cine'. A pesar de un guión
'teatral', recargado, en el que se 'dice demasiado'. Pero se dice
mucho más -todavía, como todo buen cine- que lo que se verbaliza.
El modo de contarlo está muy logrado: va y vuelve, hace reír y pensar.
Casi no te das cuenta de lo que estás pensando. La música acompaña magistralmente.
El tempo es trepidante. Puede ser significativa la primera escena: la llegada en
taxi de la mujer 'suicida-asesina', traicionada y trastornada -amarillo, vivo y
repetitivo- a la oscuridad de la noche de la casa del escritor -irónico, temeroso
y solo-. Imágenes, desconcertantes a primera vista, que dan pistas paradigmáticas
para una comprensión más plena de lo que vendrá después. Y no menos significativa
es la escena 'dantesca' del infierno, donde se reconoce que el ideal deseado no es
ir 'al cielo', sino 'a un chino' -antes se había dicho que lo que hoy se desea oír
no es 'te quiero', sino 'el tumor es benigno'-.
Escribe Ramón F. Reboiras en el número de febrero de Cinemanía: "Harry Block, el
último heterónomo, es la encarnación de una ambición de su creador: Allen es más
ficticio que sus personajes, Allen sólo existe a través de sus encarnaciones en
la pantalla. ... Desmontando a Harry alude, desde su propio título original,
Deconstructing Harry, a lo que, en lingüística y psicoanálisis, ha dado lugar
a la 'deconstruccion'. La cuestión, a grandes rasgos, consiste en descomponer
las piezas de un puzzle, para una mejor comprensión de las partes y
correspondencias que componen el conjunto." Quiero pensar que Harry es una crítica,
destructiva y demoledora, jocosa y lúdica, no sólo de sí mismo, sino del tipo de hombre
que, tristemente, se está poniendo de moda.
Es posible que mucha gente se quiera quedar en criticar a
Woody a través de Harry.
Es normal que nos podamos quedar con lo divertido o escandaloso. Pero ver sólo lo
superficial es vivir a medias: quedarse con la capa externa de las cosas, de la vida,
de las personas. Me gustaría invitar a todos los que la vean a la autocrítica: a
revisar su vida a través de la de Harry. Reconozco que soy optimista y me gusta
vivir ilusionado. Me gusta dar 'pistas para despistar', para 'reconstruir'.
En el film se de un repaso muy interesante a la vida, la muerte, la religión, el
fanatismo, la salud, las instituciones, los hombres, las mujeres, el sexo, el
placer, el amor, la vida en común, el arte, la literatura, la realidad, la ficción,
las personas y los personajes -me quedo, como muestra significativa, con lo que dice
Harry a su hijo: "Dios no sé si existe; las mujeres existen y no en un cielo allá lejos,
sino aquí a la vista"-. Quizá demasiadas cosas, decíamos. Pero, aunque lo diga
Woody Allen,
aunque no estemos de acuerdo en todo, podemos sacar conclusiones 'reconstructivas'
para nuestra vida.
Una cinéfila amiga, en un E-mail reflexivo-profundo, me decía sobre el protagonista:
"Confunde de continuo el buscarse a sí mismo y el muro que está siempre levantándose;
no se sabe si quiere querer, que le quieran o poder quererse; su válbula de escape es
el placer, cayendo lógicamente en su propia trampa y, lejos de ver su insatisfacción,
se intenta justificar a sí mismo, creyéndose que eso es la vida y nada más, como si no
fueran con él las heridas abiertas de 'sus mujeres'. Carente de sensibilidad ante la vida,
se mueve en lo esperpéntico: es hábil en la práctica de 'usar y tirar', su propio ombligo
es la ley; utiliza a los demás, aparentando ser amigo para conseguir su propósito: ser
acompañado, para huir de su agobiante soledad, que es donde realmente le duele.
Va 'de libre' porque le resulta muy cómodo vivir así; pero, cuando su joven amiga
le dice que se casa, la cárcel existencial en que se encuentra le pasa factura:
los símbolos del infierno, brillantemente presentados, le van haciendo caer en
la cuenta de la futilidad de su vida. En realidad, a nada da importancia y ese
es su mayor dolor: firmado y sellado con el aplauso de sus creaciones que, lejos
de provocarle entusiasmo, le hacen dibujar una sonrisa agria. Y pueden provocar,
tal vez, en el espectador, la pregunta: ¿somos nosotros los que elegimos nuestra
vida?, ¿'somos' lo que 'hacemos'?"
Al salir de ver a Harry, sugería yo la siguiente reflexión: sea ésta o no la intención
de Woody, sea cual haya sido su vida privada, me puede ayudar la caricatura de ser
humano que me pinta. Este adolescente afectivo, inmaduro y necesitado, inseguro y
egoísta, incapaz de amar otra cosa que a sí mismo, que tiene a la mujer como objeto
de uso externo ¿puede ser el 'tipo' de hombre américano
-'the american way of life'- que, poco a poco, se va extendiendo y conquistando,
cual plaga exterminadora? ¿Clinton o la Coca-cola están imponiéndose en todo nuestro
pícaro mundo como ideal a imitar y a disfrutar -¡por mucho que juzguemos, hablemos,
critiquemos y prediquemos!-?
Woddy confiesa en una entrevista: "En las películas salgo casi siempre nervioso,
histérico, incompetente y neurótico. En la vida real sólo padezco alguno de estos
defectos." Y Harry dice en el film: "Cada uno es responsable del modo en que distorsiona su vida. El fin es conocerte, conocer y aceptar tus propias limitaciones." Quiero pensar que, con Desmontando a Harry, Woody nos quiere hacer pensar: 'Yo soy consciente de que soy así; aunque el 95 % de los hombres que conozco son como yo, pero no se quieren enterar: ¿estás tú en ese número?; ¿quieres 'vivir', o te contentas con 'vegetar'?'
Decimos que queremos ser felices, libres, amar y ser amados, ¿nos lo creemos?
¿de verdad lo queremos? ¿No somos unos pequeños y tristes narcisistas que
preferimos 'lo malo conocido a lo bueno por conocer', y seguimos 'a nuestro rollo',
pensando que 'la culpa la tienen los demás, porque no satisfacen nuestros caprichos'?
F.M.M.